Dublín

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Four Courts

Dublín es una ciudad que exuda historia por cada poro, una historia diferente a la que estamos acostumbrados, pero que tiene un componente mágico y mitológico que resulta adictivo. Hay una leyenda para cada parque, cada puerta, cada piedra, y es imposible elegir la más interesante.

Dublin, la capital de Irlanda, puede resumirse a pesar de la complejidad de su historia en tres sencillas palabras: música, literatura y cerveza. Especialmente la primera: a cada paso que das te encuentras a alguien tocando en directo. La calle comercial principal de Dublín, Grafton Street, es el escenario preferido de montones de bandas callejeras, algunas de las cuales deberían estar llenando estadios. O si vas a Temple Bar, la zona emblemática de la noche dublinesa por excelencia, encontrarás actuaciones de música en directo -tradicional, moderna o ambas- a cualquier hora del día. En este barrio, por cierto, podrás encontrar también el lugar donde ensayaba en sus comienzos U2, el grupo de rock más famoso de Dublin a nivel mundial.

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The Temple Bar

Pero no solo hay música en Dublín: la capital irlandesa es tan literaria que decenas de tabernas, restaurantes y tiendas llevan el nombre de una novela. Aquí las glorias nacionales son los escritores, no los estadistas ni los militares. Puedes refugiarte de la lluvia en el callejón bajo la que fue la casa de Johnathan Swift, autor de “Los viajes de Gulliver“, o ir a visitar las mejores citas de Oscar Wilde a su desenfadada estatua en Merrion Square. Si estás atento, al caminar por las calles de Dublin encuentras cientos de baldosas con grabados del “Ulises” de James Joyce;  y, por supuesto, hay que mencionar la majestuosa biblioteca del Trinity College de Dublin, la Universidad donde estudiaron escritores, políticos y pensadores de la talla de Samuel Beckett, Edmund Burke o Bernard Shaw.

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Río Liffey

No lejos del Trinity College de Dublín están el  Ayuntamiento de Dublín y el Castillo de Dublín, dos visitas obligadas para comprender la historia de una ciudad que ha acogido a diferentes culturas bajo su seno (celtas, gaélicos, vikingos, normandos…) hasta que fue invadida por parte del Reino Unido. También encontrarás vestigios de este rico cruce cultural del pasado en las dos catedrales principales de Dublín: la Christ Church Cathedral y la Catedral de Sant Patrick, patrón de Irlanda y causa de una de las mayores y más conocidas fiestas irlandesas en todo el mundo: el día de San Patricio o “Saint Patricks Day”, en Dublin.

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Catedral de San Patrick

Finalmente, no dejes de pasear por la ribera del río Liffey, donde encontrarás edificios majestuosos como las Four Courts o la Custom House de Dublin, y atraviesa alguno de sus magníficos puentes, entre los que destaca por su antigüedad y belleza Ha’Penny Bridge; así llegarás a O’Connell Street, la calle más larga y famosa de Dublín, donde se encuentra el emblemático Spire. Desde allí, además, podrás tomar el tranvía para llegar a las fábricas del whisky y la cerveza más famosas de Dublín y de Irlanda: la Old Jameson Destilery y la Guinness Storehouse, donde podrás hacer un tour que finaliza con la cata de una cerveza en la terraza superior del edificio, que ofrece las mejores vistas de Dublín.

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Iveagh Gardens

Y es que en Dublín todos los paisajes son de una belleza casi indescriptible. Además de los coloridos parques de Dublín como St. Stephens Green, the Iveagh Gardens  o Phoenix Park, repartidos estratégicamente para cubrir toda la ciudad de pequeños remansos de paz, a solo veinte minutos del centro de Dublín se encuentra el pueblo pesquero de Howth, considerado entre los “dubliners” como la costa de Dublín y famoso por sus acantilados, que son de un romanticismo casi obsceno.

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Acantilados de Irlanda

Visitar Irlanda y no ver los acantilados sería el equivalente de ir a París sin pasar por la Torre Eiffel. Por eso, Howth es la opción perfecta para poder disfrutar de ellos incluso durante una escapada de fin de semana a Dublín, en la que probablemente no habrá tiempo de viajar a otras partes más famosas de la isla como los Acantilados de Moher, a cuatro horas de Dublín. Tras subir hasta el faro de Howth por los senderos de esta verde maravilla de la naturaleza que son los acantilados, tendrás la oportunidad de contemplar la inmensidad del mar bajo tus pies -y, si tienes suerte, incluso saludar a alguna de las simpáticas focas de la bahía-, para luego descender de nuevo hacia el puerto a través de los pedregosos páramos, admirando la flora única en tonos ocres y malvas que los recubren, y  y finalizando el paseo con una degustación en el muelle del mejor “fish & chips” que podrás encontrar en todo Dublín.

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Half Penny Bridge

En cuanto a el clima en Dublín, es una auténtica lotería: puede cambiar bruscamente de tormenta a sol radiante hasta seis veces en un día. Al estar al nivel del mar, nunca hace excesivo frío ni demasiado calor, aunque llueve durante las cuatro estaciones del año… Pero, como dicen los dublineses, “Si no te gusta el tiempo que hace en Dublín, espera: En quince minutos volverá a cambiar“.

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Custom House

Porque a pesar de no gozar de un soleado clima sureño, la gente de Dublín es sorprendentemente cálida. Siempre tienen una palabra amable para dedicarte y un tema sobre el que charlar con la sempiterna pinta de Guinness en la mano… Y es precisamente la simpatía y efusividad de los lugareños de Dublín lo que termina de poner el broche de oro a esta ciudad sin igual, convirtiéndola en un destino perfecto y muy difícil de olvidar.

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Vista aérea de Dublín

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